Sí, ya sé que es parte del entrenamiento y que no es la meta final, pero igualmente cuenta. Fue mi primera carrera de 10Km. A decir verdad, fue mi primera carrera de cualquier distancia. Por eso cuenta.
Y es que 10Km no son una pavada, oiga. Hay que prepararse un poco, para no lesionarse en el intento, y para hacer un papel digno y no hacer papelones. Seguir una rutina de entrenamiento, y cumplirla a rajatabla, con frío o con calor, con lluvia o con flojera, pese a uno mismo y sin importar otra cosa. 10Km exactos, 10.000 metros de esfuerzo, 100 cuadras de ayudarse con piernas y brazos, mente y corazón. Sin permitir que los pensamientos negativos, siempre al acecho, aparezcan y malogren tanta determinación.
Desde el mismo momento en que decidí inscribirme en los 10K de LANPASS (http://lanpass10k.com/index.php ), los nervios hicieron su aparición. Y con el correr de los días, lejos de desaparecer, fueron en aumento. Esa sensación de mariposas en la panza, de imaginarse constantemente la largada, los metros finales, la meta. Esa obsesión enfermiza por saber cómo estará el clima (¿hará calor, estará muy ventoso?), por tratar de confirmar en los entrenamientos si uno está a punto, si estará a la altura, si las cosas saldrán bien, y ojalá que salgan bien; todas esas sensaciones me acompañaron hasta el mismo momento de la largada.
Sí, todo el mundo dice que sí, que todo va a ir bien, que va a ser un paseo, pero uno íntimamente sabe que lo dicen con afán de reconfortar, porque el que no corre no tiene idea de lo que es correr 10km, de lo que es administrar el esfuerzo para no quemar todas las energías en los primeros km y arrastrarse en el último cuarto de carrera. Sí, todos dejan sus mejores deseos, pero el que está en la pista es uno. Uno con sus limitaciones, con sus fortalezas, con sus sueños. Uno en la multitud de sueños, porque todos los que estamos en la pista tenemos ilusiones acaso semejantes.
Pero nada, que los preparativos finales comenzaron la noche anterior, dejando lista la remera con el número identificador, las calzas de correr, las medias, las zapatillas con el chip del evento. Y a dormir lo que los nervios dejen. Y gracias a Dios dejaron, porque dormí de un tirón hasta las 6AM, en que empecé el día ganándole al despertador por 15 minutos. Levantarse, desayunar con Nati (que decidió alegrarme el desayuno compartiéndolo conmigo), revisar todo por enésima vez, y salir rumbo al evento.
Nos tocó una mañana perfecta, radiante y sin viento. Y junto a 14000 almas esperamos la cuenta regresiva: ¡10! (Estoy listo, tengo todo lo qu necesitaba, este es el momento) ¡9! (zapatillas bien atadas, el chip correctamente colocado y bien amarrado) ¡8! (no me duele nada, qué bueno, es buena señal) ¡7! (vamos, vamos, vamos...) ¡6! (¿dónde se metió Nati con la cámara? No la veo) ¡5! (está empezando a hacer calor) ¡4! (esto es un mar de gente) ¡3! (¿precalenté? Sí, quedate tranquilo. ¿Estiré? Si, hombre, sí) ¡2! (Virgencita de la Medalla Milagrosa, gracias por acompañarme en esta prueba) ¡1! ¡¡¡VAMOS!!!

En el Km 1 ya había gente cansada, caminando (¿?). En el Km 2, también (¿¿??). Los Km 3 y 4 pasaron casi volando. Me sentía bien, con energía para seguir. En el km 5 me distraje mirando el bosque urbano y la decoración de los organizadores, y no vi un ‘lomo de burro’ en el camino. Sólo fue un leve tropezón, pero podría haberme lesionado (nota mental: ¡debo prestar más atención!). El puesto de hidratación del Km 5 fue decepcionante: Sólo agua a temperatura ambiente, en botellas demasiado chicas. No hay Gatorade. Traté de beber a la carrera, pero la botella me chocaba en los dientes. Me detuve, bebí la mitad en unos tragos, me arrojé el resto en la cabeza, y retomé la carrera. Los dos kilómetros siguientes costaron bastante, se hicieron interminables. Pero a partir de allí, con un poco más de esfuerzo, llegué al lago del Rosedal, donde Nati me esperaba en alguna parte para tomarme una foto, y luego, en el último kilómetro y medio, fue alargar el paso, aumentar la velocidad, y entregar el último resto de energía en el pique final.
Después fue la alegría, el abrazo con Nati (una genia, mi alma, acompañándome), con Diana, mi entrenadora (otra genia, siempre con buena onda, siempre alentando), y la botella de Gatorade helada, las frutas, y el descanso merecido.
El objetivo final, aún en el horizonte, es correr un maratón. Correr los míticos 42km y 195m, y correrlos bien. Es una ilusión aún lejana, pero hoy sentí que me aproximé un poco más. Sí, ya sé que lo de hoy fue parte del entrenamiento y que no era la meta final, pero igualmente cuenta. Porque todo salió según lo planeado, y porque estoy feliz.
Fotos en: http://www.facebook.com/media/set/?set=a.2 757644828751.2150247.1486661786&type=1&l=1 e8810ee00
Y es que 10Km no son una pavada, oiga. Hay que prepararse un poco, para no lesionarse en el intento, y para hacer un papel digno y no hacer papelones. Seguir una rutina de entrenamiento, y cumplirla a rajatabla, con frío o con calor, con lluvia o con flojera, pese a uno mismo y sin importar otra cosa. 10Km exactos, 10.000 metros de esfuerzo, 100 cuadras de ayudarse con piernas y brazos, mente y corazón. Sin permitir que los pensamientos negativos, siempre al acecho, aparezcan y malogren tanta determinación.
Desde el mismo momento en que decidí inscribirme en los 10K de LANPASS (http://lanpass10k.com/index.php ), los nervios hicieron su aparición. Y con el correr de los días, lejos de desaparecer, fueron en aumento. Esa sensación de mariposas en la panza, de imaginarse constantemente la largada, los metros finales, la meta. Esa obsesión enfermiza por saber cómo estará el clima (¿hará calor, estará muy ventoso?), por tratar de confirmar en los entrenamientos si uno está a punto, si estará a la altura, si las cosas saldrán bien, y ojalá que salgan bien; todas esas sensaciones me acompañaron hasta el mismo momento de la largada.
Sí, todo el mundo dice que sí, que todo va a ir bien, que va a ser un paseo, pero uno íntimamente sabe que lo dicen con afán de reconfortar, porque el que no corre no tiene idea de lo que es correr 10km, de lo que es administrar el esfuerzo para no quemar todas las energías en los primeros km y arrastrarse en el último cuarto de carrera. Sí, todos dejan sus mejores deseos, pero el que está en la pista es uno. Uno con sus limitaciones, con sus fortalezas, con sus sueños. Uno en la multitud de sueños, porque todos los que estamos en la pista tenemos ilusiones acaso semejantes.
Pero nada, que los preparativos finales comenzaron la noche anterior, dejando lista la remera con el número identificador, las calzas de correr, las medias, las zapatillas con el chip del evento. Y a dormir lo que los nervios dejen. Y gracias a Dios dejaron, porque dormí de un tirón hasta las 6AM, en que empecé el día ganándole al despertador por 15 minutos. Levantarse, desayunar con Nati (que decidió alegrarme el desayuno compartiéndolo conmigo), revisar todo por enésima vez, y salir rumbo al evento.
Nos tocó una mañana perfecta, radiante y sin viento. Y junto a 14000 almas esperamos la cuenta regresiva: ¡10! (Estoy listo, tengo todo lo qu necesitaba, este es el momento) ¡9! (zapatillas bien atadas, el chip correctamente colocado y bien amarrado) ¡8! (no me duele nada, qué bueno, es buena señal) ¡7! (vamos, vamos, vamos...) ¡6! (¿dónde se metió Nati con la cámara? No la veo) ¡5! (está empezando a hacer calor) ¡4! (esto es un mar de gente) ¡3! (¿precalenté? Sí, quedate tranquilo. ¿Estiré? Si, hombre, sí) ¡2! (Virgencita de la Medalla Milagrosa, gracias por acompañarme en esta prueba) ¡1! ¡¡¡VAMOS!!!
En el Km 1 ya había gente cansada, caminando (¿?). En el Km 2, también (¿¿??). Los Km 3 y 4 pasaron casi volando. Me sentía bien, con energía para seguir. En el km 5 me distraje mirando el bosque urbano y la decoración de los organizadores, y no vi un ‘lomo de burro’ en el camino. Sólo fue un leve tropezón, pero podría haberme lesionado (nota mental: ¡debo prestar más atención!). El puesto de hidratación del Km 5 fue decepcionante: Sólo agua a temperatura ambiente, en botellas demasiado chicas. No hay Gatorade. Traté de beber a la carrera, pero la botella me chocaba en los dientes. Me detuve, bebí la mitad en unos tragos, me arrojé el resto en la cabeza, y retomé la carrera. Los dos kilómetros siguientes costaron bastante, se hicieron interminables. Pero a partir de allí, con un poco más de esfuerzo, llegué al lago del Rosedal, donde Nati me esperaba en alguna parte para tomarme una foto, y luego, en el último kilómetro y medio, fue alargar el paso, aumentar la velocidad, y entregar el último resto de energía en el pique final.
Después fue la alegría, el abrazo con Nati (una genia, mi alma, acompañándome), con Diana, mi entrenadora (otra genia, siempre con buena onda, siempre alentando), y la botella de Gatorade helada, las frutas, y el descanso merecido.
El objetivo final, aún en el horizonte, es correr un maratón. Correr los míticos 42km y 195m, y correrlos bien. Es una ilusión aún lejana, pero hoy sentí que me aproximé un poco más. Sí, ya sé que lo de hoy fue parte del entrenamiento y que no era la meta final, pero igualmente cuenta. Porque todo salió según lo planeado, y porque estoy feliz.
Fotos en: http://www.facebook.com/media/set/?set=a.2
- Hoy estoy...:
happy

Comments
¡¡¡¡¡Bravo, bravísimo!!! *repite la ola y los ruiditos*
Cielo, que felicidad, me da un gusto enorme que hayas cumplido con TU meta. Que eso es lo importante, ¿cierto?
Y seguro que en unos meses nos tienes la noticia de la fecha para participar en un maratón, que seguramente terminarás como terminaste éste recorrido =D
La narración del evento es lo más. Me encantó "acompañarte". Gracias por compartir tu experiencia *abraza a Pilgrim*
Besos y un muchimillón de felicitaciones ♥
Cruzar la línea de llegada es lo más, y unas vez que pasás por esa experiencia, ya no querés dejar de correr.
¡Besos y abrazos!
Abrazo Grande!!
¡Abrazo de oso!
Así y todo, entre 6955 corredores, llegué en el puesto 1667, con un tiempo neto de 55:43 minutos. Y corrí la segunda mitad de la carrera más rápido que la primera. Nada mal para ser primera vez, creo yo.
¡Besos!
Yo tenía almuerzo a varios kms de distancia, pero cuando iba caminando a Retiro para tomarme un colectivo, me acordé de vos y me alegró que el día fuera ideal.
Estoy re feliz por vos. Y orgullosa. Porque tuviste esa lesión y aún así, perseveraste. La gente a veces no se dá cuenta del increíble valor que tiene el ser capaz de perseverar.
Besos grandes, amigo Pilgro!!!
La próximo, acompañaré a Nati (así charlamos mientras usted corre, vio?)
Ay, las lesiones. Son la pesadilla del corredor. Porque te sacan de ritmo, te obligan a penar hasta la recuperación. Y después, a duplicar el esfuerzo, para volver al estado que uno trabajosamente había alcanzado. ¡Fuera, lesiones!
¡Gracias por tus palabras!
¡Y sería genial si decidieras acompañarme en alguna de mis carreras!